Reflexiones al azar: #DentroyFuera del Museo

_imaDentrFuera
A propósito del tema de esta semana en MuseosPro #DentroyFuera: del museo a los profesionales externos, presento en este post algunas breves y personales reflexiones a partir de mi experiencia, en cuanto observadora privilegiada, de los últimos años vinculada al mundo de las exposiciones desde lo público y desde el trabajo para la empresa privada en Colombia y España.

Un primer planteamiento que considero interesante –al interior del museo- es la conformación de nuevos equipos de trabajo, se han ido incorporando nuevos roles que hace poco tiempo no se concebían. Estos equipos múltiples (dentro de un plan director) tendrían que integrar en iguales condiciones todos los saberes y oficios inherentes al nuevo museo, tejiendo y entrelazando de forma horizontal las especialidades necesarias para un engranaje coherente, que cumpla eficientemente todas las funciones a las que se tiene que enfrentar la institución en su disyuntiva actual: gestión cultural, captación de público, curaduría, restauración, conservación, diseño, montaje de exposiciones, didáctica, comunicación, Social Media…

Uno de los fallos más frecuentes que he visto en diversos lugares y situaciones, en ámbito público y privado, es encontrar equipos anquilosados con saberes específicos, unos verdaderos eruditos, pero que en algunos casos son incapaces de articular sus conocimientos con otros departamentos o con personal de oficios externos, novedosos (técnicamente o metodológicamente) y que por ello son hoy fundamentales para las instituciones.

Ante la incapacidad de componer equipos interdisciplinarios, (ya sea por falta de presupuestos o visión de futuro), poco a poco la situación se ha ido despejando con la entrada de gestores eficientes en la dirección y/o personal cualificado que en ocasiones se ven enfrentados o ralentizados por un cuerpo técnico de funcionarios anclado en el tiempo, por la comodidad de un trabajo fijo y/o sin la exigencia de la investigación y una formación continua (hay excepciones).

Otro aspecto muy común es que muchos de los profesionales que trabajamos en ámbitos artísticos, en algún momento y a veces de forma permanente, tendemos a mirarnos en el espejo de nuestras vanidades y saberes… Así en los campos relacionados con el arte, la coexistencia –que no convivencia- de egos es elevada y dispar, tendiendo a enfrentar personalidades e intereses particulares que en muchas ocasiones priman su interés particular frente al público y concretamente al de la institución. El tiempo y la experiencia nos enseña a escuchar, compartir y obtener conocimientos en pos del ‘bien común’, y que al final de la experiencia gestan proyectos mucho más interesantes.

En otras ocasiones, -fuera del museo- el papel protagónico se lo llevan otras figuras adyacentes, externos a la institución, tales como comisarios, diseñadores o personal cualificado que intervienen en ciertos montajes o eventos. En algunos casos se anteponen sus deseos o caprichos personales que despilfarran los presupuestos en detalles fútiles –sin atender al panorama completo-. Otros simplemente creen que su oficio es el más relevante, negándose a llegar a acuerdos o consensos con otros actores y olvidando los objetivos reales del proyecto.

Todo el personal del museo –dentro y fuera-, desde la Dirección, los servicios básicos y externos, conforman un sinnúmero de voces que a la larga reflejan el funcionamiento, difusión y verdadero alcance de una institución.

Algo esta cambiando en el mundo, y es evidente que el escenario socio económico y cultural en el que nos movemos ahora es volátil, cambiante, los medios de comunicación, las nuevas tecnologías y las redes sociales permiten, intensifican y difunden con una rapidez inédita lo que pasa en el mundo.

Con los tiempos que corren es fundamental reflexionar y hacer una revisión crítica de la historia, que nos conforma como individuos de una sociedad fragmentada. Construir a día de hoy narrativas históricas de integración social; revisar la intervención de cada uno de nosotros dentro las políticas culturales en las que trabajamos para crear programas y proyectos con sentido. Y por supuesto no convertirnos en herramientas o recursos de políticas incoherentes, egocéntricas, oportunistas o sin rumbo es lo más coherente. Los espacios museísticos no pueden estar ajenos a los cambios y nosotros como participes tampoco.

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